El movimiento como medicina en la tercera edad
Uno de los mayores errores que se cometen al cuidar a personas mayores es asumir que el reposo es sinónimo de seguridad. Nada más lejos de la realidad: la inactividad física en la tercera edad acelera el deterioro muscular, aumenta el riesgo de caídas, favorece el aislamiento y deteriora la salud cognitiva y emocional. La actividad física regular, adaptada a las capacidades individuales, es hoy reconocida por la medicina como uno de los pilares más poderosos del envejecimiento saludable.
Beneficios físicos de la actividad regular
El cuerpo humano está diseñado para moverse, y eso no cambia con la edad. Cuando las personas mayores mantienen una rutina de actividad física, los beneficios son amplios y measurables. El ejercicio fortalece la musculatura y mejora el equilibrio, reduciendo el riesgo de caídas —principal causa de hospitalización en adultos mayores. Mantiene la densidad ósea, frenando el avance de la osteoporosis. Mejora la función cardiovascular y reduce la presión arterial. Favorece la digestión y la regulación del sueño. Y contribuye al control del peso y la glucemia, fundamentales en personas con diabetes o síndrome metabólico.
Beneficios cognitivos: el ejercicio también cuida el cerebro
La relación entre actividad física y salud cerebral es uno de los hallazgos más relevantes de la neurociencia moderna. El ejercicio aeróbico moderado estimula la producción de BDNF (factor neurotrófico derivado del cerebro), una proteína que promueve la plasticidad neuronal y protege contra el deterioro cognitivo. Estudios han demostrado que las personas mayores físicamente activas tienen menor riesgo de desarrollar Alzheimer y otras demencias, y que quienes ya presentan deterioro leve se benefician de ejercicio regular para mantener sus funciones por más tiempo.
Beneficios emocionales y sociales
El ejercicio libera endorfinas y serotonina, los neurotransmisores del bienestar. Esto se traduce en mejor estado de ánimo, menor ansiedad y mayor resiliencia frente al estrés. Además, cuando la actividad física se realiza en grupo —clases de yoga, tai chi, caminatas supervisadas— proporciona una valiosa oportunidad de socialización que combate la soledad, uno de los mayores factores de riesgo para la salud en la vejez.
¿Qué tipo de actividad es la más adecuada?
No existe una fórmula única. La actividad física ideal para una persona mayor debe ser evaluada por profesionales de salud considerando su condición física, enfermedades crónicas y preferencias personales. En general, se recomiendan combinaciones de ejercicio aeróbico suave (caminatas, natación, bicicleta estática), ejercicios de fuerza y equilibrio (con bandas elásticas, pesas livianas o en silla) y trabajo de flexibilidad (estiramientos, yoga). Lo más importante es la constancia: 30 minutos de actividad moderada la mayoría de los días produce beneficios significativos.
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